“Recuerde el alma dormida, avive el seso y despierte contemplando cómo se pasa la vida, cómo se viene la muerte tan callando…” Cómo no sentir la tuya, habiendo sido el gran jefe de la galaxia durante tanto tiempo. Cómo no llorarte después de tantas décadas aprendiendo y trabajando a tu lado. Cómo olvidar que fuiste mi director de tesis (y hasta mi pareja de baile, en ocasiones). Y cómo no rendirte tributo, mi querido soñador de estrellas, si has dejado al mundo tan astronómica herencia. El Universo se expandió contigo, tú lo sabes y hoy nadie lo pone en duda. Infinito es tu legado, envuelto en luz zodiacal, tan grande como las coplas de Jorge Manrique.
Hasta pronto, Francisco Sánchez, don Francisco, aunque yo siempre te llamé Paco.
Foto: Con Francisco Sánchez, en el Observatorio del Teide (Tenerife), del IAC – Instituto de Astrofísica de Canarias, en 1986.




