Aquella noche cené con los premios nobel Niels Bohr y Werner Heisenberg, aunque estaban de incógnito en Tenerife con los nombres falsos de Emilio Gutiérrez Caba y Carlos Hipólito. Fue después de nuestra cita en Copenhague en el teatro Guimerá. Estuvimos toda la noche hablando del principio de incertidumbre y de por qué los nazis no llegaron a disponer de la bomba atómica en la Segunda Guerra Mundial. ¿Impericia de los físicos alemanes, que no fueron capaces de calcular la masa crítica y de Uranio-235 necesarios, o sus reparos de conciencia al uso de los avances en física teórica para el desarrollo de armamento nuclear? Al optar por quedarse en su país y no exiliarse en Estados Unidos, como sí hicieron los científicos de origen judío que desarrollaron el Proyecto Manhattan para frenar a Hitler, ¿realmente estuvieron aquellos físicos alemanes al servicio de las perversas aspiraciones del Tercer Reich? ¿O intentaron retrasar adrede el proyecto atómico nazi hasta que acabara la guerra por temor a un exterminio global del planeta? ¿Por qué no hicieron esto último los físicos americanos, que evidentemente contribuyeron a la rendición de Japón y al fin de la guerra en el Pacífico, pero que lo lograron a costa del horrible genocidio en Hiroshima y Nagasaki? Quizá, preguntas sin respuestas.
Fue una velada filosófica inolvidable, como la que debieron de mantener en septiembre de 1941 el prestigioso Bohr y el controvertido Heisenberg en la capital danesa, ocupada entonces por las tropas nazis. En esta ocasión, Lola Flores se coló en la conversación 😉
Era el último día para ver en el teatro Guimerá, en Santa Cruz de Tenerife, esta magnífica obra sobre el dilema ético de la ciencia, con actores extraordinarios: Emilio Gutiérrez Caba, Carlos Hipólito y Malena Gutiérrez, en el papel de Margrethe, la mujer de Bohr. Copenhague, un intenso drama que descubrí leyendo otra joya literaria: «En busca de Klingsor», de Jorge Volpi. Gracias, Helena Romero, que ahora estás en los cielos, por invitarme al encuentro de aquella noche.



