Carmen
del Puerto Varela

«El perfume del tiempo»

“EL PERFUME DEL TIEMPO”. Finalizaba un siglo cuando leí “Pequeñas infamias”, la sátira mordaz con la que Carmen Posadas ganó el Premio Planeta en 1998. Yo ya era sensible a las violaciones sistemáticas de derechos humanos y al terrorismo de Estado que se practicaba en las dictaduras militares del Cono Sur, durante las últimas décadas de la Guerra Fría y bajo el paraguas de la Operación Cóndor. Había visto la película “Missing” (1982), el magistral thriller político de Costa-Gavras basado en hechos reales y protagonizado tan convincentemente por Jack Lemmon y Sissi Spacek. Y ya sabía de los llamados “Traslados”, eufemismo de los “Vuelos de la muerte” o método de exterminio con que los militares argentinos hacían desaparecer los cuerpos de los detenidos arrojándolos al mar, desnudos y drogados, desde aviones de la Armada.

La novela de la escritora uruguaya, nacionalizada española, me demostró una vez más que las «infamias» de la dictadura argentina no fueron precisamente «pequeñas». El robo o “apropiación” de niños fue una estrategia diseñada no solo para eliminar la descendencia de los opositores políticos. Se estima que fueron unos 30.000 los presos desaparecidos y unos 500 los bebés que, con otra identidad, fueron entregados ilegalmente a familias vinculadas al régimen.

Hasta la fecha, las Abuelas de Plaza de Mayo, que ya desistieron de encontrar a sus hijos, siguen buscando sin tregua a sus nietos: 140 ya han sido identificados gracias a las pruebas de ADN. Como abuela que soy, entiendo la necesidad de tan legítima búsqueda y admiro la perseverancia de estas mujeres que tanto han sufrido por aquellas atrocidades. Forzosas sustracciones que no solo tuvieron lugar al otro lado del Atlántico. También, durante el Franquismo y la Transición en nuestro país hubo casos de menores arrebatados a sus madres biológicas con la complicidad de personal médico y sanitario, así como de religiosos y funcionarios, que convirtieron el secuestro infantil en un lucrativo negocio. Así lo han testimoniado algunas producciones audiovisuales españolas.

Con “El perfume del tiempo” no solo he vuelto a reflexionar sobre la hipocresía, la barbarie y los crímenes de la humanidad. Gracias a la magia del teatro, que te permite experimentar realidades ajenas, he comprendido el trauma emocional que supone el descubrimiento de una adopción ilícita y el conflicto de lealtades que genera en los afectados el deber ético y moral de denunciar a sus padres adoptivos como “cooperadores necesarios” en tan vergonzosas conductas.

Mafalda y yo vimos recientemente esta obra de teatro en el municipio de El Sauzal (Teatro El Sauzal), en Tenerife. El personaje de Quino, una niña siempre idealista e irónica, tan contestataria frente a las injusticias sociales, también aplaudió esta puesta en escena de Chema Cardeña (Arden Producciones) que tan brillantemente interpretaron sus cuatro actores: Juan Carlos Garés, Iria Márquez, Manuel Valls y Marisa Lahoz. Por ello, mi agradecimiento y mi enhorabuena a todo el equipo.

 

 

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