Carmen
del Puerto Varela

El teatro recupera «el honor» de la astrónoma que ayudó a medir el Universo

El Museo de la Ciencia y el Cosmos de Tenerife recupera en una obra multimedia «el honor perdido» de la astrónoma Henrietta Swan Leavitt, autora de un método que ayudó a medir grandes distancias en el Universo y que no obtuvo el reconocimiento merecido en vida, pues fue propuesta para el Premio Nobel cuatro años después de su muerte.

La autora de El honor perdido de Henrietta Leavitt es Carmen del Puerto, directora del Museo de la Ciencia y el Cosmos, y la obra es una producción de este recinto dependiente del Organismo Autónomo de Museos y Centros del Cabildo de Tenerife, donde se estrenará el 21 de noviembre, en coincidencia con la Semana de la Ciencia.

Además, se representará en otras cinco ocasiones y otras dos funciones se harán en marzo de 2010 en el Planetario de Pamplona, que colabora en el proyecto.

La obra cuenta con financiación de la Fundación Española de Ciencia y Tecnología y está incluida en los actos del Año Internacional de la Astronomía y en el Año Europeo de la Creatividad y la Innovación.

Carmen del Puerto relata en una entrevista a Efe que con esta obra multimedia quiere rendir un homenaje al papel de las mujeres en la astronomía y además despertar el interés por Leavitt, con una historia personal «tan conmovedora como injusta».

Ella misma, familiarizada con los grandes nombres científicos por su trayectoria como periodista especializada en ciencia y jefa de ediciones en el Instituto de Astrofísica de Canarias, desconocía la existencia de Leavitt hasta que varios alumnos del máster de Astrofísica de la Universidad de La Laguna la pusieron sobre la pista.

Apenas existe documentación sobre la vida y la labor científica de Henrietta Leavitt, nacida en Massachusetts (Estados Unidos) en 1868 y que estudió en el Observatorio Universitario de Harvard las llamadas Cefeidas, estrellas variables que cambian de brillo con períodos regulares.

Henrietta formó parte de las casi 80 mujeres que trabajaron en este Observatorio bajo la dirección de Edward Pickering, quien acometió el proyecto de elaborar un catálogo de estrellas para el que había que medir todos los parámetros posibles, como brillo, color y temperatura.

Para ello se contrató a mujeres, en primer lugar, porque se les pagaba «muchísimo menos» y porque se las consideraba más adecuadas para hacer un trabajo «tedioso y rutinario» que los hombres habrían rechazado, señala Del Puerto.

El trabajo se basaba en analizar las múltiples placas de que disponía el observatorio con la incorporación de la fotografía a la investigación astronómica, y que procedían en gran parte de su telescopio situado en la estación de Arequipa (Perú).

Pero Henrietta no se limitó a hacer un trabajo rutinario, sino que observó un patrón de comportamiento en las estrellas variables, lo que le sirvió para establecer una regla de medir las grandes distancias en el Universo.

Hasta entonces, desde los griegos, se usaban métodos de cálculo para medir la bóveda celeste como la triangulación o paralaje, se creía que el Universo se limitaba a la Vía Láctea y de otras galaxias se pensaba que eran nebulosas de esta.

La regla de medir establecida por Leavitt sirvió al astrónomo Harlow Shapley para descubrir que la Vía Láctea era más grande de lo que se pensaba, y posteriormente Edwin Hubble detectó que lo que se tomaba por nebulosas eran galaxias, que además se alejaban.

El problema, explica Carmen del Puerto, es que no dejaron a Henrietta Leavitt seguir trabajando en esta línea de investigación y le cambiaron de proyecto, lo que se pudo deber a «celos profesionales» por parte de Pickering o a que no se valoró suficientemente su hallazgo.

Tampoco se le permitió desarrollar un trabajo teórico pese a su capacidad científica, y Carmen del Puerto señala que a la «pasión» que le ha despertado Leavitt suma en su obra otras influencias en su vida, la música de Shirley Bassey y el título «robado» a El honor perdido de Katharina Blum, de Heinrich Böll.

También toma la estructura de su obra, con dos personajes femeninos y uno masculino, de otra «pasión», el drama A puerta cerrada, de Jean Paul Sartre, que reúne a dos mujeres y un hombre en el infierno.

La autora ha introducido ficción y anacronismos intencionados en la obra, en la que reúne a dos astrónomas —Leavitt y su compañera en el Observatorio Annie Jump Cannon— junto con el periodista de la CBS Edward Roscoe Murrow, retratado en la película Buenas noches y buena suerte.

El honor perdido de Henrietta Leavitt es también un homenaje a las personas con discapacidad, pues tanto esta astrónoma como su colega Annie Jump Cannon padecían sordera, y de hecho esta última no pudo entrar en la Academia Nacional de Ciencias por este motivo.

Carmen del Puerto denuncia la injusticia que sufrió Leavitt, quien ni en su época ni actualmente ha recibido los honores que merecía, y que de no haber fallecido a los 53 años podría haber recibido el Premio Nobel de Física, para el que la quería proponer un miembro de la Real Academia de Ciencias de Suecia que ignoraba su muerte, y a quien le impresionaron sus descubrimientos.

En la obra, Leavitt será interpretada por la actriz y divulgadora científica Natalia Ruiz Zelmanovitch, mientras que Débora Ávila incorpora a Annie Jump Cannon y Javier Martos al periodista Edward Roscoe Murrow.

Actores y directora en escenario, posando juntos en evento cultural.

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Diseño de cartel: Miriam Cruz (MCC, Museos de Tenerife)

En este proyecto común ha participado todo el personal del Museo de la Ciencia y el Cosmos.

PUBLICADO EN: EFE/Público, 18/11/2009
FUENTE: https://www.publico.es/actualidad/teatro-recupera-honor-astronoma-ayudo.html

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