Suelo decir que, por muchos motivos, me considero una mujer muy afortunada, siendo una de mis mayores satisfacciones en la vida haber dirigido el Museo de la Ciencia y el Cosmos, de Museos de Tenerife, porque me permitió, entre otros honores, conocer a científicos de la talla de Wolfredo Wildpret, el brillante naturalista que nos ha dejado. Coincidí con él en varias ocasiones. Una de ellas, en 2008, con motivo de la exposición “Biodiversidad canaria” y las Jornadas Técnicas sobre “Cooperación y sinergias en el desarrollo de la Red Natura 2000 y la preservación de la biodiversidad de la Región Macaronésica”. Recuerdo que Wolfredo presentó en su charla, acompañado de su esposa, Victoria Eugenia, un análisis del término Makaronesia con la historia de esta región biogeográfica. A la salida, le hicimos una foto junto al módulo “Las Mareas, la irresistible atracción de la Luna”, con el planeta Tierra a su lado. Me dirigí a él pronunciando bien su nombre gracias a mis mínimas nociones de alemán, lo que este ilustre farmacéutico y botánico canario, cansado de oírlo con fonética inglesa, me agradeció. Otra ocasión fue dos años después, en 2010, con motivo del Año Internacional de la Biodiversidad y el III Curso de Cine y Ciencia que organizamos en el Museo siguiendo la línea de los anteriores. Su título fue “¡BIODIVERSIDAD, se rueda!”, como tocaba y del que también pensábamos editar el libro correspondiente, aunque este último proyecto no pudo ser. Pero Wolfredo, del que aprendimos que “no hay malas hierbas”, mas “sí especies invasoras”, me entregó su texto introductorio para el libro y, hoy, yo lo comparto porque pienso que a él le habría gustado que lo hiciera en su memoria. Con este texto y, en sus propias palabras, “… he pretendido transmitir mi visión personal de la preocupante situación actual en que se encuentran los recursos naturales de esta tierra. Deseo que mis palabras no sean interpretadas solo como manifestaciones pesimistas. Sigo siendo relativamente optimista cara al futuro. Es tiempo del cambio. Una nueva generación emergente tiene la obligación de tomar el relevo a la presente. Es la dinámica de la evolución que marca inexorable la ley de vida.” Y seguro que en su nuevo hábitat seguirá defendiendo la Naturaleza con mayúscula.




