Carmen
del Puerto Varela

Azul ultramar o el arte en verso

La antología poética Azul ultramar (Ediciones El Drago) es un recorrido personal y misterioso por obras de grandes artistas que, con la etiqueta «vintage», reivindica rima, métrica y armonía. Su autora, Carmen del Puerto, nos invita a descubrir las historias de pinturas y esculturas ocultas en los versos. «Adivinar» es parte de la propuesta: deducir la imagen de las palabras, el lienzo de la metáfora, la talla de la hipérbole y la firma de la composición.

Un «pasatiempo» cuya solución los lectores pueden encontrar por tres vías: con el Código QR que acompaña a cada texto y que remite a galerías y museos; con las listas de obras y creadores que se incluyen al final del libro; o con los audiopoemas ilustrados y publicados en el canal de YouTube de la autora. Un experimento poético valorado para este artículo por representantes de los tres ámbitos que Azul ultramar combina: la literatura, la pintura y la historia del arte.

«En Azul ultramar —comenta la escritora y traductora Teresa Iturriaga Osa—, fondo y forma constituyen un potente amplificador de la intención de su autora, que no es otra que despertar el espíritu investigador a través de su obra. Carmen del Puerto, siempre despierta entre libros y estrellas, ha aprendido a mirar la vida por telescopio y perderse en el asombro de un universo infinito de constelaciones donde todo se expande. De ahí que su mente abierta le haya ido mostrando con muy buen criterio la puerta de entrada al juego de la complejidad, al cromatismo que se aleja del pobre discurso del saber cuadriculado. Como una mariposa del caos, en Azul ultramar, ella emprende su vuelo entre capas atmosféricas en sintonía. Del cuadro al poema, del poema al cuadro, pasando por el mundo interior de quien observa, el proceso nos enseña que en el aprendizaje nada se detiene, porque la energía se transforma constantemente».

«Desde el primer verso, la poeta avanza como una onda cuántica por territorios que los guardianes de la cultura aún se empeñan en mantener alejados, pero ella insiste y sus electrones se despliegan más allá del azul. De un polo a otro buscan su equilibrio hasta que por fin se encuentran en la dimensión ultramar, espacio abierto donde se abrazan las artes. Carmen nos invita a seguir la espiral y danzar con los trazos y los versos en su transparencia. Es su modo de decirnos que en ese viaje sensible cada cual es libre de interpretar».

Como recuerda Iturriaga, no es la primera vez que ese azul inspira a un artista y envuelve su obra con la intensidad de sus tonos. «Ese color ultramar, piedra lapislázuli cuyo simbolismo impregna todo el libro con su lenguaje jeroglífico, nos transporta a la magia de Egipto, pero también al alma de los pueblos pescadores del Mediterráneo. Cómo no recordar las paredes de la villa y el jardín que Jacques Majorelle convirtió en un cuadro vivo al pintar de azul su residencia de Marrakech».

La pintura, como la poesía, posee una sintaxis y un ritmo musical rebosante de creatividad. «De ese modo, Carmen Del Puerto ha conseguido adaptar, versionar, traducir la obra artística en palabra, y lo ha hecho con un estilo que no se detiene en la mera copia que se desprende del original. Es una bella manera de explorar el arte guiado por la escritura poética».

«Conozco los mundos y las historias que Carmen del Puerto ha recorrido en su camino profesional como periodista científica y escritora de teatro y de novela, pero ahora da un nuevo giro y se aventura sorprendiéndonos con un poemario que construye bajo un meditado ejercicio de madurez y amor a la escritura». Así lo expresa la pintora y profesora jubilada de Bellas Artes de la Universidad de La Laguna Lola del Castillo, una de cuyas obras se incluye precisamente en Azul ultramar. «Carmen —añade— provoca la tentación de jugar y, en ese juego, que está entre la memoria y el conocimiento, con un repertorio torrencial, nos invita a desplazarnos por la historia del arte, que va desde alusiones clásicas a la más cercana contemporaneidad, y sin trampa ni pretexto nos mete en todas las gamas de matices de la pintura, incluyendo, por supuesto, el azul ultramar».

Según Violeta Izquierdo, profesora de Historia del Arte de la Universidad Complutense de Madrid, el experimento poético Azul ultramar fusiona dos disciplinas creativas marcadas por la belleza y los sentimientos. «Imágenes y palabras unidas por la perspicacia y finura de quien ve más allá de lo que se muestra, de quien es capaz de traducir en emoción semántica la magia de las obras, las historias que las pueblan o el hechizo que han producido en su alma. Cuadros o esculturas convertidos en metáforas visuales de las ideas de sus autores devienen ahora en poemas, versos, sonetos… que nos llevan al universo de la reflexión, del pensamiento, de la plasmación abstracta del ingenio en escritura poética».

Azul ultramar es, además, como subraya esta historiadora, un estimulante y lúdico reto para los amantes del arte y la poesía, una herramienta didáctica y divulgativa, un juego adivinatorio que la autora nos sugiere a través de las palabras, el descubrimiento y el enigma. «Un trabajo transversal de una mente inquieta, sagaz e imaginativa que nos lleva a la lectura contemplativa, estimulando nuestros sentidos».

(FRAGMENTO DE UN POEMA)

Simetría especular
con alas de mariposa
que un alfiler atraviesa
y en una vitrina posa.

El dolor se manifiesta
reflejo de la tortura,
gritando que desventura
tiene nombre de mujer.


(Sobre el cuadro Las dos Fridas, de Frida Khalo)

LIBRO 6 blog 1

ESCRITO POR: Rafa Cedrés
PUBLICADO EN: Suplemento cultural El Escribidor de Diario de Avisos, 27/06/2021

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