Carmen
del Puerto Varela

Soles amarillos, el arte que rima

El divulgador científico Isaac Asimov imaginó en su cuento Anochecer un planeta donde siempre es de día gracias a su media docena de soles. La pintura de Vincent van Gogh, el loco del pelo rojo, también se llenó de soles amarillos, aunque no todos fueran estrellas y brillaran por fusiones termonucleares. En el caso de Carmen del Puerto, quien lleva décadas escribiendo sobre descubrimientos astronómicos en el Instituto de Astrofísica de Canarias, las estrellas inspiran por igual su obra poética, dramática y narrativa. Ahora, Ediciones El Drago lleva a las librerías Soles Amarillos, un nuevo poemario continuación de su Azul Ultramar, y en el que esta periodista y escritora madrileña afincada en Canarias logra tejer un delicado y consistente tapiz de palabras, tan lúdico como didáctico, a cuya sombra se oculta un fascinante y sutil juego de seducción que conduce al asombrado descubrimiento de obras maestras del arte.

El título de esta nueva edición es un intencionado guiño personal. «La ciencia y la divulgación científica —advierte Carmen del Puerto en el Preámbulo— no están reñidas con el arte y la literatura. No falta poesía en las razones de por qué no vemos otras estrellas, otros soles, durante el día. Las leyes físicas son la expresión matemática de los caprichos de la naturaleza.»

En Soles Amarillos, la autora insiste en traducir a palabras pinturas, grabados y esculturas de este siglo y de otros muchos, y lo hace a través de lo que ella misma denomina poemas «vintage» por la rima y estructuras clásicas de las que se vale, pero que son al tiempo rabiosamente modernos gracias al código QR que los acompaña y que concede a los lectores la posibilidad de contemplar con sus propios ojos lo que las palabras tan solo sugieren. Soluciones que Carmen del Puerto ofrece también como vídeos en su canal de YouTube, donde se presentan en forma de audiopoemas ilustrados y con música.

Como hiciera en su anterior antología, esta escritora juega con métrica y armonía, combinando estrofas, cómputo silábico y consonancia; rescatando sonetos, serventesios y versos de longitud variable; brindando metáforas y sinestesias… Y, con cada verso, ya sea heptasílabo, endecasílabo o alejandrino, quiere despertar una emoción al tiempo que contar una historia. En unos casos, describiendo el contenido del lienzo o de la talla en sí. En otros, narrando el contexto y anécdotas de la obra o de sus artífices. Su objetivo último: seducir y estimular el interés por el conocimiento, más allá de una primera lectura poética.

Carmen del Puerto es consciente, no obstante, de la dificultad de establecer correspondencias entre palabras e imágenes en Soles Amarillos y, más aún, de interpretar los mensajes y ahondar en la hermenéutica de los textos, si bien este reto añadido no condiciona su lirismo y accesibilidad.

Si en Azul Ultramar, la primera obra «escondida» era Árbol, esponja grande azul, del artista francés Yves Klein, expuesta en el Centro Pompidou de París y utilizada como ilustración en la portada del libro, en Soles Amarillos ese privilegio corresponde a Paisaje catalán o El cazador, pintura de Joan Miró que guarda entre sus muros el MoMa de Nueva York. Sin embargo, la composición de la cubierta de este nuevo volumen pertenece a una obra no tan conocida y cuyo poema reivindica la dignidad de un pueblo olvidado.

En orden de aparición, suceden al pintor barcelonés otros artistas y sus correspondientes obras, hasta sumar una treintena, todas ellas apenas insinuadas entre las rimas de una autora que ha denominado con humildad «experimento o pasatiempo poético» a esta particular forma de acercarse al arte cuya ambición pedagógica y alegórica constituyen una apuesta tan atrevida como eficaz merecedora de todas las suertes y de convertirse en una serie de poemarios a los que, objetivamente, no se le adivina un final.

(FRAGMENTO DE UN POEMA)

Cuando lo miro te nombro,
icono lírico-abstracto,
pura ciencia.
Preservada del asombro,
de traducirte me jacto
con prudencia.

Un espacio indefinido
entre cielo, mar y tierra,
por montera.
Repertorio sostenido
que sin perspectiva cierra
una frontera.

Veo pipa y barretina
con trazos de filigrana,
que superas
con la raspa de sardina,
e invitando a la sardana,
tres banderas.


(Sobre el cuadro Paisaje catalán o El cazador, de Joan Miró)

LIBRO 7 blog 1

ESCRITO POR: Rafa Cedrés
PUBLICADO EN: Suplemento cultural El Escribidor de Diario de Avisos, 27/06/2021

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